domingo, 3 de febrero de 2008

Verborrea precipitada

Una ventana entreabierta frente a la cama. El reflejo de la calle en el suelo de madera. Dos garrapatas disputándose mi entrepierna. Un cuadro torcido. Un gran dolor de cabeza. Un teléfono sin batería. Un picor en la axila izquierda. Un rumor de actividad urbana. Un sentimiento de irrelevancia. Un desayuno con chocolate. Un elixir anímico. Una prótesis dental. Un cuarto de carne picada. Un absurdo. Un acorde menor. Un barítono enojado. Un sacerdote y una bailarina. Un soldado ruso. Una aerofagia solitaria de mediano calibre. Un cuerno. Un blog. Una camisa sin planchar. Una maleducada inercia consentida. Una sesión de masaje anfibio. Una noche de sexo agotador. Un paseo por la playa. Un revés en la cocina. Un enchufe sin corriente. Un pozo sin excavar. Un roble. Un palo de golf. Un poema. Una canción. Una pirueta en la terraza. Un te quiero. Un viaje pensado desde el vientre. Un daiquiri. Una piscina de crema de calabacín. Una opinión independiente. Una caries de cariño. Un ritmo con los pies. Un pálpito de vergüenza. Un baño en un lago Austral. Una gaviota y una mujer. Una vela en el horizonte. Un dedo cercenado. Un carrito de bebé. Una toquilla negra y grana. Un membrillo y una higuera. Un editor de texto. Un escalón quebrado. Un buen amigo. Un, dos, tres, catorce.

No hay comentarios: