martes, 19 de febrero de 2008

Mi peluche

Me descubro escondido bajo el sillón esperando a que amanezca.
Pienso si no debería ser así siempre, agazapado ante la llegada de la luz tras una noche en colérica espera existencial.
Repto hasta la cocina donde consigo hacerme con un plátano sin levantar la espalda del suelo.
Lo como sin pelar y me sabe efectivamente repugnante.
Paso al dormitorio y me encuentro con mi oso de peluche azul que me recrimina como un energúmeno mi actitud dejada y conformista.
Le llamo la atención por su absurdo color dudando si no será signo inequívoco de sus constantes accesos de enfados biliares trastornados.
Noto el cuello entumecido tras tanto tiempo en posición absurda y decido relajar mi compromiso con la estupidez para ponerme en pie o cuando menos apoyar mi cuerpo en posición razonablemente erguida si mis dormidas extremidades me lo permiten.
No me lo permiten.
Gracias.
Caigo como un melón sobre la acera.
Me parto la crisma.
Torpe.
El oso se pone morado de risa.
_Yogui tonto del culo.
Ahora está rojo y se le entrecorta la respiración de la carcajada.
Hace 30 segundos que no respira.
Decido practicarle el boca a boca con cuidado de no llenar de babas el peluche.
_has muerto??
_
_
_Revive!!
Me abraza como un koala, como si no quisiera soltarse nunca.
Así es, no se suelta ni en la ducha.
Llevo 14 días con el oso encima y no he conseguido pasármelo a la espalda.
Al menos ni come ni tiene otras necesidades fisiológicas que las propias de su especie como el lavado en seco y el peinado con el cepillo de la Barbie.
Para eso es muy especial.
No quiere otro.
Cuco él.
Al cabo de 20 días aprovecho un descuido en la cola del banco para zafarme del peluchar apéndice y salir despavorido calle abajo.
Casi me mato con una boca de alcantarilla a medio cerrar.
Paro en una esquina exhausto.
Me siento culpable.
Vacío.
Demasiado libre.
Golpe de amor.
Vuelvo calle arriba como un amante en su ansiado reencuentro.
No puede ser.
Katastrofen.
Está encaramado a la pierna de una atleta africana.
Trato de llamarle pero...no se su nombre!
Mi peluche, mi koala, mi yogui, mi compañero de cuento.
Parece extasiado sobre un bambú de ébano.
Panda tenías que ser.
Despechado por un peluche.
_vete pues ingrato
_si, te abandoné, pero un ratito de nada
Ni me mira.
Desaparece camino de Marathon.
_pues ahí no hay osos.
_nunca los hubo.
_como mucho lobos o ardillas pitagorinas.
Vuelvo bajo el sillón con la firme intención de no salir de ahí sin peluche a la vista.
Stop.
Snif.
Agur.

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