Vieja siento mi alma, triste mi rodilla y resabiada mi naríz
Tumefacto el cuello, traviesos los dedos y laxas las nalgas
Fosilizada mi espalda, ajadas las manos, sobrecargados los brazos en cruz.
El puerto del que partimos ya no se ve a popa
No hay más realidad que nuestra nave, poca cosa, pero nuestra
Y el resto, el insondable horizonte ajeno que nos rodea
...en el que irremediablemente nos adentramos...
jueves, 3 de enero de 2008
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