El rojo de la cama quema mi esperanza de respirar la paz.
Sudo la culpa renegada, latente, abominable.
¿Con qué voz suenan mis pensamientos?
Lleno el silencio con ideas efímeras de salvación.
Mis lágrimas saben dulces sobre su espalda.
Sus dedos apaciguan mi desesperación.
Sonrío al arlequín ebrio de bilis que cruza la calle del conformismo.
Silbo una melodía de amor a medianoche y duermo...
domingo, 9 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario